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Soundscape

Ubicada en Hong Kong y también conocida como “la ciudad de la oscuridad”, Kowloon fue el asentamiento con más densidad de población de la historia.

Siendo originalmente el emplazamiento de un fuerte militar chino, la ciudad amurallada se convirtió en un enclave después de que los Nuevos Territorios fueron alquilados por cien años al Reino Unido por China en el año 1898. Su población aumentó considerablemente después de la ocupación japonesa de Hong Kong durante la Segunda Guerra Mundial, motivo por el que se complicó aún más la situación política en relación a su historia colonial. En 1990, la ciudad amurallada ya contenía 50000 residentes dentro de sus fronteras de apenas 2,6 hectáreas.

Si bien sus habitantes mantenían una organización basada en un armonioso estado de anarquía, ciertos problemas relacionados a pandillas, drogas y otras ilegalidades que llevaban ya años sin poder solucionarse, llevaron a las autoridades del Gobierno de Hong Kong a anunciar, en enero de 1987, los planes de demolición para la ciudad amurallada.

Luego de un arduo proceso de desalojo, la demolición tuvo lugar entre marzo de 1993 y abril de 1994. En el terreno baldío que quedó en el sitio de la antigua ciudad, en diciembre de 1995 se inauguró Kowloon Walled City Park un parque que conserva el edificio Yamen y algunos restos de su puerta sur, rememorando la historia de la ciudad que alguna vez fue. El recuerdo de Kowloon es hoy una postal cyberpunk, que se balancea entre la tranquilidad y el caos.

En el año 2018 con Andamio fuimos invitados por TOPO y el Conseil des arts du Québec a realizar una residencia de unas semanas en Montreal, para producir una performance de literatura expandida y presentar en la Electronic Literature Organization [ELO] los avances de una investigación que estábamos llevando adelante sobre eso mismo.
Durante el principio de la estadía, para ir desde la casa de Eva y Michel –donde me quedaba– al laboratorio de TOPO –donde trabajábamos– me movía entre dos suburbios: La Petit-Patrie y el Mile End. Como la distancia era poca, caminaba casi siempre.

Sin embargo, la semana en la que se desarrolló la conferencia ELO, nos tocaba ir casi todos los días al centro ya que el evento era hosteado por la Université du Québec à Montréal [UQAM]. Fue entonces cuando el recorrido se alargó y comencé a utilizar mucho más el metro: a la ida de Beaubien a Berri-UQAM, y exactamente al revés al regresar por las noches.
Precisamente, este paisaje sonoro retrata una de esos regresos del centro al barrio, un día de semana cerca de las 8 o 9 de la noche.

Desde lo sonoro, el metro de Montreal es llamativo por un clásico arpegio ascendente que es utilizado a modo de alarma antes de cerrar las puertas. Dú dú dúuuuu, se escucha. Fa, si bemol y fa. Este sonido es una imitación del sonido de aceleración de los viejos trenes –los cuales tuve la suerte de conocer en una visita anterior a la ciudad– en los cuales estas tres frecuencias audibles eran causadas por el aumento incremental de corriente al motor. Así, por lo característico de la melodía y a modo de homenaje, en el año 2012 se incluyó esta alarma de cierre de puertas con amplia aprobación de su público usuario.

El tránsito y re escucha de este metro me encontró trabajando en el concepto de imagen pensativa, que es definido por Jaques Rancière en su obra El espectador emancipado (2019), entendiéndolo como una tensión entre distintos modos de representación. Una zona gris entre lo connotado y denotado podríamos decir, en términos Barthesianos. Walter Benjamin lo entendería como una zona indeterminada entre las posibilidades de la reproducción técnica y la intención poética impregnada en el aura de la pieza. Así, hablar de imagen pensativa es señalar «la existencia de una […] zona de indeterminación entre pensado y no pensado, entre actividad y pasividad, pero también entre arte y no-arte» (2019, p. 105).

¿Es posible trasladar este concepto de imagen pensativa a lo sonoro? sin dudas el paisaje sonoro tiene su parte técnica ligada a las condiciones del registro: el tipo de micrófono y técnicas utilizados, la condición del punto de escucha, los planos que se han elegido priorizar, hasta incluso la frecuencia exacta de las notas que conforman el dú dú dú; pero también cuenta con una intención poética referida a lo que las combinaciones de sonidos, los montajes elegidos desde el proceso compositivo representan y evocan.

Rancière plantea que allí donde hay pensatividad, hay arte, puesto que de una mera reproducción técnica jamás podría desprenderse esta zona gris en la que se disparan nuevas sensaciones, nuevas interpretaciones posibles de una misma cosa. Tal vez, lo pensativo sea una manera más para entender al paisaje sonoro como parte del universo actual de las posibilidades con las que cuentan la música y el arte sonoro.

La semana próxima estaré participando de la edición 2020 de Auditum, un festival organizado por Eter y el Exploratorio del Parque Explora. Este año, estará dedicado a indagar en la idea de cuerpos y conexiones, a través de reflexiones interdisciplinares y prácticas sónicas vinculadas con múltiples vías que comprenden la dimensión ecológica, sociopolítica y espiritual de nuestra coexistencia, a través de la escucha como medio de reflexión.

En mi caso, estaré coordinando un laboratorio que decidimos llamar Cartografías sonoras del confinamiento, para poder tener un momento de reflexión y producción respecto al aislamiento preventivo que nos ha tocado vivir durante lo que va de este año y a cómo nos reencontramos con nuestros hogares, desde la escucha.

La programación será 100% virtual y está tremenda en todo sentido, por lo que les recomiendo chequearla en auditum.co. Los streamings serán por los canales oficiales de Auditum, Eter y el Exploratorio del Parque Explora.

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Cualquier intento de búsqueda sonora que pudiera haber pretendido al encarar la grabación de campo del metro de Panamá, fue opacado por una impactante noticia: ese miércoles 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud acababa de declarar oficialmente que el Covid-19 tenía ya categoría de pandemia.
Es así que igual subí al metro, grabadora en mano, en busca de documentar aquella particular situación. La ciudad de Panamá –como sucedió en tantas otras– se encontraba de pronto entre el miedo y la incredulidad, siendo que algunas personas comenzaron a recluirse de forma voluntaria; otras, que aún circulábamos por distintas motivaciones u obligaciones, no lográbamos entender o dimensionar el alcance de la situación; un último grupo se mantenía incrédulo frente a las declaraciones oficiales afirmando que no podía ser cierto y que seguramente no sería tan letal como los medios lo pintaban.
Por más que viajara en dirección al centro en hora pico de salida laboral, es decir, cuando la gente suele viajar hacia las afueras, al subir al metro me encontré con un panorama de desolación con apenas tres o cuatro personas viajando por vagón.

Allí, casualmente –o no– una mujer y un muchacho que parecían conocerse pero no en alto grado de confianza, hablaban sobre posibilidades de mitigar el virus y diversas formas de llevar adelante un cuadro con condiciones gripales con remedios caseros. Es así que este paisaje sonoro se vuelve también una escucha furtiva de esta conversación, en la que la cebolla morada es la principal protagonista.

El metro de la ciudad de Panamá es nuevo: fue iniciado en 2011 e inaugurado en 2014 y la tecnología que nos encontramos al transitarlo –estado de los coches, calidad de las grabaciones de las indicaciones– da cuenta de ello.
El paisaje sonoro final que escuchamos parte de grabaciones de campo realizadas entre las estaciones 12 de octubre y Vía Argentina, que luego fueron intervenidas para dar continuidad al relato.

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Impulsado por el Centro Cultural España Panamá – Casa del Soldado, el proyecto Expansión Sonora, nació en 2018 con el objetivo de crear un marco de trabajo que permita fortalecer y ampliar la creación, experimentación, las redes entre quienes hacen música y arte sonoro en Panamá y la región, así como acercar sus propuestas y lenguajes contemporáneos en el ámbito del sonido o la música a un mayor espectro de público.

En este contexto, estaré formando parte la semana próxima de una serie de actividades que tendrán lugar en aquella institución, en la ciudad de Panamá: los días martes 10 y viernes 13 compartiendo el taller Paisaje sonoro: redescubriendo los espacios urbanos, en el que trabajaremos distintas herramientas para conocer las posibilidades de la práctica del trabajo de campo y la posterior edición creativa de esos registros.

El día miércoles, compartiré en el MAC Panamá [museo de arte contemporáneo], el taller Cazadores de sonidos, dirigido a niños de 8 a 12 años y pensado para sensibilizar la escucha desde una perspectiva lúdica.

Además, el viernes 13 de marzo tendrá lugar un conversatorio en el que participaremos Mar Alzamora-Rivera [pa], Maria Paula Jaramillo [co], Oscar Argote [pa] y yo, presentando los distintos proyectos en los que estamos trabajando actualmente.

El cierre del evento será con un concierto electroacústico y audiovisual en cuadrafonía, en el que habrá piezas individuales y una intervención audiovisual grupal sobre el guión experimental Dinámica de la gran ciudad, de Laszlo Moholy-Nagy (1921-22).

Las actividades son todas con entrada gratuita y apoyadas por el Centro Cultural España Panamá – Casa del Soldado, así que si están cerca pueden acercarse, ¡o compartir con alguien que pueda ir!

Muchas gracias por leer, ¡nos vemos pronto!

Expansion sonora