archivo

Investigación

Incubateur de littérature numérique / Incubadora de literatura digital

Desde andamio, en colaboración con El centro de artistas TOPO, con sede en Montreal y el Centro de Cultura Digital [CCD] de Ciudad de México lanzamos una iniciativa de creación colectiva en literatura electrónica: la incubadora de literatura digital [ILIDI]. Este programa es posible gracias al acuerdo de cooperación Quebec-México 2021-2023 del Ministerio de Cultura y Comunicaciones de Quebec, y tiene por objetivo desarrollar la práctica de una cohorte de 20 escritores, artistas y programadores de Québec y México a través de un programa de intercambio y aprendizaje en creación digital.

La primera parte de la formación comienza mañana con dos encuentros de discusión grupal y seis talleres de creación colaborativa –collage hipermedia, creación sonora y audiovisual, código creativo, programación y generación de contenidos dinámicos– que darán lugar a un programa de acompañamiento y difusión en Quebec y México con los proyectos seleccionados.

Además, si las condiciones sanitarias lo permiten, tenemos previsto un cierre a las actividades de manera presencial, entre México y Quebec, para fines del 2022 y parte del 2023.

Para quien tenga interés, se irán publicando algunos resultados y habrá actividades abiertas, en los links que están en el texto podrán encontrar mayor detalle.

¡Gracias por leer!

En el año 2018 con Andamio fuimos invitados por TOPO y el Conseil des arts du Québec a realizar una residencia de unas semanas en Montreal, para producir una performance de literatura expandida y presentar en la Electronic Literature Organization [ELO] los avances de una investigación que estábamos llevando adelante sobre eso mismo.
Durante el principio de la estadía, para ir desde la casa de Eva y Michel –donde me quedaba– al laboratorio de TOPO –donde trabajábamos– me movía entre dos suburbios: La Petit-Patrie y el Mile End. Como la distancia era poca, caminaba casi siempre.

Sin embargo, la semana en la que se desarrolló la conferencia ELO, nos tocaba ir casi todos los días al centro ya que el evento era hosteado por la Université du Québec à Montréal [UQAM]. Fue entonces cuando el recorrido se alargó y comencé a utilizar mucho más el metro: a la ida de Beaubien a Berri-UQAM, y exactamente al revés al regresar por las noches.
Precisamente, este paisaje sonoro retrata una de esos regresos del centro al barrio, un día de semana cerca de las 8 o 9 de la noche.

Desde lo sonoro, el metro de Montreal es llamativo por un clásico arpegio ascendente que es utilizado a modo de alarma antes de cerrar las puertas. Dú dú dúuuuu, se escucha. Fa, si bemol y fa. Este sonido es una imitación del sonido de aceleración de los viejos trenes –los cuales tuve la suerte de conocer en una visita anterior a la ciudad– en los cuales estas tres frecuencias audibles eran causadas por el aumento incremental de corriente al motor. Así, por lo característico de la melodía y a modo de homenaje, en el año 2012 se incluyó esta alarma de cierre de puertas con amplia aprobación de su público usuario.

El tránsito y re escucha de este metro me encontró trabajando en el concepto de imagen pensativa, que es definido por Jaques Rancière en su obra El espectador emancipado (2019), entendiéndolo como una tensión entre distintos modos de representación. Una zona gris entre lo connotado y denotado podríamos decir, en términos Barthesianos. Walter Benjamin lo entendería como una zona indeterminada entre las posibilidades de la reproducción técnica y la intención poética impregnada en el aura de la pieza. Así, hablar de imagen pensativa es señalar «la existencia de una […] zona de indeterminación entre pensado y no pensado, entre actividad y pasividad, pero también entre arte y no-arte» (2019, p. 105).

¿Es posible trasladar este concepto de imagen pensativa a lo sonoro? sin dudas el paisaje sonoro tiene su parte técnica ligada a las condiciones del registro: el tipo de micrófono y técnicas utilizados, la condición del punto de escucha, los planos que se han elegido priorizar, hasta incluso la frecuencia exacta de las notas que conforman el dú dú dú; pero también cuenta con una intención poética referida a lo que las combinaciones de sonidos, los montajes elegidos desde el proceso compositivo representan y evocan.

Rancière plantea que allí donde hay pensatividad, hay arte, puesto que de una mera reproducción técnica jamás podría desprenderse esta zona gris en la que se disparan nuevas sensaciones, nuevas interpretaciones posibles de una misma cosa. Tal vez, lo pensativo sea una manera más para entender al paisaje sonoro como parte del universo actual de las posibilidades con las que cuentan la música y el arte sonoro.

La semana próxima estaré participando de la edición 2020 de Auditum, un festival organizado por Eter y el Exploratorio del Parque Explora. Este año, estará dedicado a indagar en la idea de cuerpos y conexiones, a través de reflexiones interdisciplinares y prácticas sónicas vinculadas con múltiples vías que comprenden la dimensión ecológica, sociopolítica y espiritual de nuestra coexistencia, a través de la escucha como medio de reflexión.

En mi caso, estaré coordinando un laboratorio que decidimos llamar Cartografías sonoras del confinamiento, para poder tener un momento de reflexión y producción respecto al aislamiento preventivo que nos ha tocado vivir durante lo que va de este año y a cómo nos reencontramos con nuestros hogares, desde la escucha.

La programación será 100% virtual y está tremenda en todo sentido, por lo que les recomiendo chequearla en auditum.co. Los streamings serán por los canales oficiales de Auditum, Eter y el Exploratorio del Parque Explora.

afiche final_facebook

Impulsado por el Centro Cultural España Panamá – Casa del Soldado, el proyecto Expansión Sonora, nació en 2018 con el objetivo de crear un marco de trabajo que permita fortalecer y ampliar la creación, experimentación, las redes entre quienes hacen música y arte sonoro en Panamá y la región, así como acercar sus propuestas y lenguajes contemporáneos en el ámbito del sonido o la música a un mayor espectro de público.

En este contexto, estaré formando parte la semana próxima de una serie de actividades que tendrán lugar en aquella institución, en la ciudad de Panamá: los días martes 10 y viernes 13 compartiendo el taller Paisaje sonoro: redescubriendo los espacios urbanos, en el que trabajaremos distintas herramientas para conocer las posibilidades de la práctica del trabajo de campo y la posterior edición creativa de esos registros.

El día miércoles, compartiré en el MAC Panamá [museo de arte contemporáneo], el taller Cazadores de sonidos, dirigido a niños de 8 a 12 años y pensado para sensibilizar la escucha desde una perspectiva lúdica.

Además, el viernes 13 de marzo tendrá lugar un conversatorio en el que participaremos Mar Alzamora-Rivera [pa], Maria Paula Jaramillo [co], Oscar Argote [pa] y yo, presentando los distintos proyectos en los que estamos trabajando actualmente.

El cierre del evento será con un concierto electroacústico y audiovisual en cuadrafonía, en el que habrá piezas individuales y una intervención audiovisual grupal sobre el guión experimental Dinámica de la gran ciudad, de Laszlo Moholy-Nagy (1921-22).

Las actividades son todas con entrada gratuita y apoyadas por el Centro Cultural España Panamá – Casa del Soldado, así que si están cerca pueden acercarse, ¡o compartir con alguien que pueda ir!

Muchas gracias por leer, ¡nos vemos pronto!

Expansion sonora

El año pasado, dictando un taller sobre paisaje sonoro me preguntaron si tenía algún tipo de decálogo o manifiesto para poder pensar el trabajo con paisaje sonoro en sus distintas etapas. En ese momento dije que no, que tenía ciertas premisas que me gustaba que estuvieran presentes siempre, pero que estaría bueno sistematizarlas para compartirlas como tal.
Este es el sentido de estos diez puntos, que a mi entender ayudan a asegurar un buen trabajo, ordenado desde el comienzo del proceso hasta su publicación.

1. Tener algo que contar
Es elemental tener algo que decir. Una historia, una problemática, una causa social. Esta premisa debe estar presente en cada decisión que tomemos durante el proceso de composición de nuestro paisaje sonoro.

2. Escuchar atentamente el espacio a grabar. Una buena escucha asegura una buena grabación
Entender qué estamos grabando nos ayuda a saber elegir el tipo de micrófono y su posición, las características de la toma y los niveles de grabación para no perdernos nada de aquello que estamos queriendo registrar. Debemos escuchar antes de poner a grabar.

3. Elegir el punto de escucha en función de lo que se quiere contar
Un mismo ambiente puede ser retratado desde múltiples e infinitos puntos de escucha. ¿Cuál es el que va mejor con tu historia? ¿Un punto de escucha objetivo o subjetivo? ¿Fijo o móvil? ¿Cerca o lejos? La decisión tiene que ser en pos de contar de la mejor manera posible nuestra historia.

4. Grabar pensando siempre en nuestras posibilidades de edición
Cuánto más dominemos la técnica de edición, más posibilidades tendremos de tomar decisiones a la hora de grabar: podemos no preocuparnos por algún desperfecto al grabar sabiendo que algo es reparable, ocultable o equiparable en niveles. Sin embargo, esto no implica que todo lo que sea reparable en postproducción no sea evitable.
Un buen equilibrio en esta balanza será saludable para tu producción.

5. Escuchar el material, organizarlo
Tener el material separado por tomas, por tipos de objetos sonoros, por lugares o por cualquier variable que ordene nuestro proyecto, nos ahorrará horas de trabajo en el proceso de composición.

6. Contar tu historia dejando de lado lo obvio
Las historias también pueden contarse de múltiples formas. Lo importante es saber que el público siempre puede aburrirse si lo que le presentamos es demasiado obvio, monótono o esperable. Debemos buscar la mejor forma de que la atención no decaiga en el proceso narrativo que quede implicado en la composición.

7. Editar cuidando la técnica en todo momento
Nunca se debe dejar de lado la prolijidad en el proceso de composición. El producto final tiene que ser prolijo y no tener problemas técnicos de ningún tipo.

8. Escuchar la producción a solas y después con alguien de confianza que pueda darte un feedback
En primera instancia, es fundamental estar conforme con el material que estamos a un paso de compartir.
Luego, puede ser que haya algo que se nos escape, que esté frente a nuestras orejas y no encontrarlo. Por más extraño que parezca, esto es común. Le otorga cierta frescura a esta etapa, la atención de alguien que no tenga la escucha contaminada por las horas y horas de grabación y edición que podamos tener sobre los materiales que estamos interviniendo.

9. Poner a punto si fuera necesario después de estas escuchas íntimas
¿Todos los comentarios implican reestructurar la composición? No, claramente. Pero sí debemos ser conscientes de que aquello que nuestras personas de confianza nos dicen, por algo es. Retocamos entonces lo necesario siempre buscando sentirnos a gusto con el resultado.

10. Compartir tu producción públicamente
Es el momento, a subir nuestro paisaje sonoro a las plataformas de escucha y compartirlo con nuestros colegas y gente conocida.

¿Tienen otros puntos? ¿más ideas para agregar? son invitados los comentarios
¡Gracias por leer y compartir!