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Investigación

La próxima semana, entre los días miércoles 13 y viernes 15 de mayo, tendrá lugar en la Ciudad de Córdoba el Laboratorio de arte y crítica, un ciclo de encuentros en el que se articulará la presentación de proyectos en curso con instancias de crítica, discusión colectiva y diferentes plenarios.

Frente a la idea extendida de que los proyectos artísticos o teóricos son procesos lineales –basados en una secuencia de pasos inalterables– y predefinidos –en tanto mantendrían su estabilidad original–, este laboratorio propone un espacio de diálogo para repensar las relaciones entre los componentes de cada propuesta, entendiendo que los procesos creativos y de indagación teórica son despliegues que requieren ajustes permanentes.

En este contexto, voy a estar participando de una de las mesas de diálogo para el área de investigación y creación en música, como también brindando feedbacks a los proyectos que se presentarán de parte de estudiantes de grado y posgrado. Además, el día miércoles tendrá lugar por la noche un concierto audiovisual en el que se programarán dos piezas que, aunque ya estrenamos hace tiempo, nos siguen dando grandes satisfacciones: Prole [para piano, electroacústica y visuales], interpretada por Emi Terráneo; y Esporas [música visual].

Si están en Córdoba, les extiendo la invitación a acercarse a las actividades, que se desarrollarán en el Centro Cultural Universitario de la UNC y que son de ingreso libre. Les comparto en [ este enlace ] el programa completo. Las actividades del martes 12 fueron reprogramadas para no superponerse con la Marcha Federal Universitaria.

Les agradezco por la lectura. Nos vemos por allá.

En el año 2021 –segundo año de la pandemia del COVID19–, ya con la primera oleada de trabajo que representó la digitalización de contenidos medianamente resuelta, el panorama comenzaba a ser, poco a poco, más esperanzador: por un lado volvía paulatinamente la presencialidad a las aulas; por otro seguíamos contando con todos los materiales y recursos digitales asincrónicos que, desde nuestro rol docente, habíamos producido durante el primer año de aislamiento.

Siendo que hace años me dedico a dar clases de Metodología de la investigación y de acompañar seminarios de Trabajo final tanto en nivel de grado como en posgrado, el caso no fue la excepción. En tanto pude organizarme, me pareció una buena idea comenzar un pódcast que además de permitirme despuntar el vicio, sirviera para alimentar una especie de repositorio, un curso que fuera consultable de manera asincrónica para quienes transitan sus tesis o seminarios de Introducción al pensamiento científico [IPC], metodología o epistemología, que contara con un vocabulario ameno para facilitar su escucha, y que, a la vez, me permitiera sistematizar el material complementario que recomendaba en mis clases.

La idea original era bautizarlo como solo sé que no sé nada haciendo alusión a la célebre paradoja de Sócrates, sin embargo –qué ingenuo– ya existía una gran cantidad de iniciativas con ese nombre. Después de algunas vueltas, opté por combinarla con otra famosa frase que fuera enunciada por René Descartes: pienso, luego existo. El resultado es el nombre que quedó: pienso y no sé nada. Además, viéndolo a la distancia, refleja también esa sensación de haber estudiado un tema, o leído determinados textos con cierta profundidad y sentir que cuando hacemos una pausa o miramos hacia atrás, nos invade la sensación de no haber entendido nada de lo que acabamos de leer, ver o estudiar. Entonces, pienso y no sé nada, además de ser el resultado de la combinatoria entre estas dos frases, cumple en sintetizar un momento, una sensación de vacío que, a la vez, con el desarrollo de cada tema, trata de mitigar.

Sin tener un lanzamiento periódico ni una duración impuesta, el proyecto fue creciendo, sumando episodios que abarcan el desarrollo de posiciones epistemológicas, posturas filosóficas, algo de historia de la ciencia, mitología y, por supuesto: herramientas metodológicas.

Para quienes aún no lo conocieran, les extiendo entonces la invitación a sumarse a esta comunidad y suscribirse tanto en YouTube como en Spotify. Además, el pódcast está disponible para su uso e inclusión en cursos y seminarios, con lo cual también pueden sentirse libres de sumarlo como material de consulta o complementario en el caso de que estén al frente de alguna clase o espacio de enseñanza.

Les agradezco de antemano por el apoyo, la escucha y las eventuales compartidas con quienes crean que pueda serle útil conocer el proyecto.
Salud.

Cada tanto, por esas derivas de las lecturas que uno va haciendo a lo largo de su vida, vuelvo a Benjamin. Esta vez, después de pasar por El libro de los pasajes para estudiar las definiciones de archivo y de colección que hace el autor, volví a Diario de Moscú, un texto donde el propio Benjamin narra su estadía en esa ciudad entre diciembre de 1926 y febrero de 1927. Hay interpretaciones sobre este viaje, hay quienes creen que su intención principal era vivir en primera persona la realidad comunista y el bolchevismo; y hay quienes creemos que aquel viaje estuvo motivado principalmente por el reencuentro con su amada Asja Lacis, una actriz con la que había mantenido un vínculo amoroso en épocas pasadas.

Pero lo que aquí les comparto no está motivado por su trasfondo amoroso sino por el abordaje de lo sonoro que hace el mismo Benjamin, en particular, en una de las entradas de su diario. Y es que de la entrada del 30 de diciembre brota la musicalidad, la sonoridad y la actitud de escucha que el autor mantenía desde la habitación en la que se hospedaba. Cabe la aclaración: si bien la transcripción que aquí les comparto corresponde a la edición de Editorial Godot (2019), me he tomado la licencia de cambiar dos palabras de la traducción que hace Paula Kuffer: ella habla de apertura y de motivos pero, humildemente, creo que es más apropiada la traducción que ofrece Marisa Delgado en la edición de Taurus (1990), que utiliza obertura y leit-motivs, conceptos puramente musicales que encajan perfecto en el contexto de la descripción.

30 de diciembre
«El árbol de Navidad aún está en mi habitación. Poco a poco logro reconocer el orden de los sonidos que me rodean. La
obertura empieza muy temprano y consta de varios leit-motivs: primero, las pisadas en la escalera que está delante de mi habitación y que conduce al sótano. Seguramente, se trata del personal del hotel, que sube para ir a trabajar. Luego empieza a sonar el teléfono en el pasillo, y no suele parar hasta  la una o dos de la mañana. En Moscú este aparato funciona a la perfección, mejor que en Berlin o París. Te comunican en tres o cuatro segundos. Sobre todo oigo a un niño que grita cuando habla por teléfono. Uno se va familiarizando con las cifras en ruso cuando escucha la descomunal cantidad de dígitos. Luego, sobre las nueve, llega un hombre, llama a una puerta tras otra y pregunta si la puertecita está cerrada. Es la hora de calefaccionar. Reich sospecha que, aunque esté cerrada, en la habitación entra un poco de monóxido de carbono. Es muy probable que así sea, porque a menudo por las noches, el ambiente es sofocante. Además, también emana calor del suelo que, como la tierra volcánica, tiene puntos muy calientes. Antes de salir de la cama, un golpeteo rítmico sacude el sueño, como si estuviesen preparando unos bistecs gigantes: están cortando leña en el patio interior. Y a pesar de todo, mi habitación destila tranquilidad. Pocas veces he estado en una habitación en la que trabajar me resultara tan fácil.» (Benjamin, 2019, p. 83)

En lo personal, me resulta fascinante cómo Benjamin, a partir de una escucha acusmática, se adentra en la descripción de un paisaje sonoro con lujo de detalles, incluso aludiendo a una serie de analogías musicales que se imbrican con total naturalidad con su poética literaria. Además, por una cuestión de deformación profesional suele sensibilizarme mucho cuando algún texto –ya sea de ficción, o de no ficción como es este caso– incurre en este tipo de descripciones porque me permite aprender otras formas de relacionarse y de develar lo sonoro, de caracterizar la escucha y el espacio al que atiende librando a la imaginación a conformar esa atmósfera sonora de manera casi automática. También permite entender el valor que el autor le otorga a esa escucha, permitiendo además describir situaciones que suceden incluso fuera del alcance de su visión.

¿Recuerdan algún texto que describa lo sonoro de manera similar? ¿Les ha pasado poder imaginar cómo suena lo que Benjamin relata? Les agradezco de antemano por su tiempo para con esta lectura y por cualquier comentario que tengan ganas de compartir.

Torre Radial de Moscú.

Benjamin, Walter (2019). Diario de Moscú 1926/1927. Traducción de Paula Kuffer. Buenos Aires: Ediciones Godot.

Benjamin, Walter (1990). Diario de Moscú. Traducción de Marisa Delgado. Buenos Aires: Taurus.

Este mes de agosto voy a estar realizando una residencia artística en Sporobole, un centro de artistas ubicado en Sherbrooke, Canadá trabajando en un nuevo proyecto que se titula Retrofonografía y que se inspira en una ficción especulativa sobre el lugar que podría ocupar el paisaje sonoro en un posible futuro cercano. Pero ¿cómo fue llegué hasta acá? la historia es un poco más larga pero vale la pena que les ponga todo en contexto.

La Canadian Electroacoustic Community [CEC] organiza anualmente el concurso JEU DE TEMPS / TIMES PLAY [JTTP], en el que regularmente, por reglamento, participan solamente canadienses. En el pasado 2022, en una iniciativa fruto de la colaboración con el Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras [CMMAS] se abrió el juego a que pudiéramos participar desde toda Latinoamérica. Tal fue así, que participé con mi pieza Kowloon, tieniendo además el honor de ganar el Premio Hildegard Westerkamp, una de las menciones especiales del concurso. Además, a quienes resultamos premiados nos dieron la posibilidad de enviar un proyecto para participar por una plaza de residencia artística en Sporobole, que como centro de artistas es parte de la red que conforma la CEC. En esa instancia envié un proyecto nuevo, que venía macerando hace tiempo y que creí que, en caso de quedar seleccionado, esta residencia sería una buena oportunidad para comenzar a desarrollarlo. Les estaré contando oportunamente de qué se trata el proyecto en específico e incluso invitando a conocer las producciones que lo conformen, pero les dejo este adelanto –en inglés o francés– para quien tenga curiosidad y quiera ampliar un poco más. De hecho, la imagen que acompaña esta entrada es parte de la conceptualización visual del proyecto.

Además, al término de la residencia, aprovechando el hecho de estar por aquellos lugares, estaremos junto a Jessica Rodríguez y Michel Lefebvre presentando de manera presnecial los resultados de ILIDI/ILINU, la Incubadora de Literatura Digital que llevamos adelante durante todo el 2022 junto a Andamio, TOPO y el Centro de Cultura Digital de México. Las presentaciones serán en Factory Media Center, en Hamilton; y en las propias instalaciones de TOPO, en Montreal a fines de agosto.

Agradezco a la CEC, a Sporobole, a TOPO, a Factory Media Center y a todas las personas que hacen posible tanto la residencia como las actividades posteriores de esta gira. Al regreso les contaré las novedades, pero por lo pronto, ¡gracias por pasar y leer!

Las canciones de cancha son una parte fundamental del folclore del fútbol: ya sean de aliento hacia el equipo propio, de crítica hacia los jugadores o de burla al equipo rival, no faltan nunca en ningún encuentro o competencia. Atendiendo a su amplia aceptación y proliferación popular, me propuse realizar un análisis de la ya popularísima Muchachos ahora nos volvimos a ilusionar, pero rastreando sus antecedentes, es decir, partiendo desde la canción Muchachos, esta noche me emborracho de La mosca tsé-tsé (2003), su paso y transformaciones en al ámbito del fútbol local y su adaptación como canción de aliento a la Selección Argentina con los versos propuestos por Fernando Romero, teniendo en cuenta las características de la música, las letras y su significado.

La canción tiene muchos puntos interesantes. Comienza desde la épica: no solo presenta el contexto geográfico sino su relación directa con sus héroes: Argentina es la tierra de Diego Maradona, Lionel Messi y los Héroes de Malvinas. Se posiciona a la voz en primera persona, lo cual genera también un vínculo directo con quien cante la canción.

Continúa con la frustración y la tristeza por ver a Argentina perder todas las finales importantes que se mencionaron más arriba. En ese “no te lo puedo explicar, porque no vas a entender” también está imbuido un carácter de intransferibilidad de la sensación, lo cual no es menor y de hecho puede ser ampliado a muchos temas en los que la argentinidad está presente: el sentir patrio, el peronismo, la cantidad de tipos de cambio no oficial, vivir con inflación pero igualmente mantener un nivel relativamente bueno de vida en relación a otros países vecinos. Estas situaciones no solo son muy complejas de explicar sino que difícilmente alguien que no las ha vivido en carne propia pueda entenderlas.

Incluso se puede entrever cierta relación metatextual con un spot que la AFA publicó en el 2018 en vísperas de la Final de la Copa Libertadores de ese año, protagonizada por Boca Juniors y River Plate y que por distintos motivos terminó disputándose en Madrid. Allí se consignaba que hay una serie de sucesos –haber contado con Maradona y con Messi, con el Papa Francisco y la propia final Boca vs. River– que son sencillamente inexplicables, y que no hay que tratar de entenderlos, sino sencillamente disfrutarlos. De allí se popularizó la frase que encarna Chiqui Tapia –presidente de la AFA– y que es utilizada en una multiplicidad de memes.

Si les dio curiosidad y les interesa conocer un poco más sobre la canción y su devenir popular, clickeando aquí pueden acceder al artículo completo, que cuenta con todas las fuentes y la bibliografía utilizada para realizar el análisis.

¡Gracias por pasar y por leer! y ¡vamos Argentina tricampeón!