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Archivo de la etiqueta: Crónica

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Al subir al Metro de Medellín, uno difícilmente tenga dudas de dónde está, hacia dónde va, qué tiene cerca y cómo combinar con otros transportes. Las voces provenientes de los altoparlantes del metro se ocupan no solo de indicarnos los nombres de las estaciones sino aquellos atractivos culturales que están cerca, autopistas y además nos aconsejan acerca de cómo comportarnos mientras estamos dentro del sistema de Metro bajo la premisa de vivir la cultura Metro en una sintonía de amabilidad y respeto.
Las grabaciones son de un día domingo por la tarde justo antes de anochecer, por lo que la gente se escucha distendida y hay mucha presencia de niños que vuelven de paseo con sus familias. Particularmente es llamativo un niño que, cansado, le reclama a su padre la elección de regresar a su casa en Metro ya que para él en taxi es más rápido.

Para la realización de este paisaje sonoro realicé registro de campo en un viaje ida y vuelta por el metro, una de las formas en que más me gusta salir a grabar.
Subí al Metro en la estación Industriales y viajé hacia las afueras de la ciudad, en dirección La Estrella, estación terminal donde el tren detiene su marcha y retoma en dirección opuesta. Así, volví a repasar las mismas estaciones y sobrepasando mi punto de origen llegando esta vez a Universidad, estación a donde en verdad me dirigía.

Tal como sucede en otros paisajes sonoros de este proyecto, este fragmento parte de grabaciones de campo que luego fueron intervenidas para dar continuidad al relato.

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Pasando seis horas de viaje y una corta estadía en el aeropuerto de Santiago –haciendo la conexión– me encontraba en la ciudad de Calama, más precisamente llegando al 1463 de la calle Brasilia donde pasaría los siguientes días.
Con una fugaz visita a San Pedro de Atacama, el caluroso día de descanso previo a una intensa semana de trabajo se iba diluyendo en una fría noche que contrastaba por completo la temperatura para recordarme que estaba en medio del desierto.

Llegó el lunes y entrábamos al Colegio Río Loa para compartir junto al profe Miguel (qué genio!) el taller de improvisación guiada con señas con los chicos de la escuela.
Luego de una escapada a la cocinería más cercana, por la tarde, llegaban los profes para escuchar acerca de las cartografías sonoras. Distintas realidades y distintas perspectivas acerca del trabajo con sonido, encuentro enriquecedor por donde se lo mire.

Transfer y aeropuerto nuevamente, el vuelo más raro de mi vida, compartido con los mineros que terminaban su semana de trabajo por turnos en Calama –se suele trabajar cinco o siete días seguidos, acumular francos y estar una semana fuera de la mina también– que se conocían entre todos. El infiltrado era yo, que encima pretendía dormir durante esas dos horas. Entre gritos y chistes. Qué iluso.

Llegué a Santiago y Fabián me esperaba tal como habíamos quedado. Luego de una parada técnica para aprovisionarnos de un completo tradicional seguimos viaje hasta Valparaiso, al pie del Cerro Concepción, donde me tocaba quedarme.

Era ya miércoles y con tan solo tres horas de sueño en el bolso me pasaba a buscar Marcelo para tomar una micra y llegar a Playa Ancha para colaborar con el programa Conversaciones en la UPLA, de UPLA TV y luego compartir la mesa redonda con Andrés y Francisco.

Almuerzo mediante, llegaba la tarde y comenzaba el taller de Lectura expandida. Dos hermosos grupos pudimos armar en los que enseguida se perfilaron las tareas de cada integrante. Tremendo el potencial! en tres días hicieron mucho más de lo esperado y sus performances finales estuvieron geniales.

Los conciertos merecen una mención aparte. Súper cálidos, desde los colchones en el piso hasta la improvisación grupal del último día.

Solo me queda agradecerles a todos los que hicieron parte para que esto haya sido posible.
A Karla por la coordinación de Calama y todas las recomendaciones, a Alejandro por confiar a la distancia, al Consejo Nacional de las Artes y la Cultura y por supuesto no podría olvidarme de Adriana y Carlos por su hospitalidad y predisposición para todo.

A Andrés, Fabián y Camilo del CEMLA, como también a Sergio, Marcelo y Emanuel por la mano indispensable que dieron para que todo camine. Al otro Andrés, el compadre cordobés, por la buena onda, los momentos compartidos y por participar del taller de Andamio (nos vemos en estos días?). A Pablo de la UV por el apoyo y a todos los que participaron de los talleres.

Fue una experiencia muy linda, gracias una vez más y espero saber de ustedes pronto!

Valparaiso

Después de una mañana de viaje con una corta escala en Lima, llegaba a El Dorado y me encontraba con María Paula, que me llevaría en taxi a Chapinero, el barrio Bogotense en el que me quedé los dos primeros días de este viaje.
A pesar de descansar un poco durante la tarde, la noche me quedaba corta para el sueño que arrastraba, pero había que trabajar. A las ocho de la mañana del sábado estábamos en la CUN esperando que nos abran el auditorio para poder dictar el taller. Después de un malentendido con otra profe que también tenía reservado el mismo espacio para una actividad propia, conseguimos consensuar –Olguita mediante– y el taller comenzaba con la mayor cantidad de asistentes que haya tenido nunca y con un alto nivel en sus producciones.
El hambre se hacía notar hacia el mediodía y a la par que recorríamos La Candelaria, fuimos con María Paula, Caro, Javi y Margarita por unos totumashis, mix de comida japonesa con colombiana en la Tatuma Corrida. El paseo seguiría entre charlas y –varios– cafés.

Domingo 8. Día de la madre en Colombia. Sobreventa salvaje de pasajes. Una aerolínea que no voy a nombrar nos sacaba de las manos nuestro vuelo a Manizales, reprogramándonos para el lunes, cosa que era inviable para nosotros que teníamos que montar ese mismo día la videoinstalación.
Luego de unos reajustes pude volar a Pereira gracias gracias a una promo y llegar a Manizales por tierra tal como Juli me había indicado un día antes. Manizales fue desde el principio sinónimo de reencuentro, y a pesar de comenzar solo, por la tarde llegaban Rolando, Jessi, Tonalli y Luis para montar Tuyuc en tiempo récord. No hubiera sido posible sin la infaltable mano de Sebas, Santi y Dani. Hay equipo.

BalanceUnbalance y el Festival de la Imagen comenzaban: charlas, conciertos y la inauguración del subsuelo donde estaban las videoinstalaciones. Toda una experiencia, mi primera instalación llena de gente transitando y hasta sacándose fotos dentro. De no creer.
El martes, después de compartir el almuerzo con Edgar y Daniel (Quaranta),
 presentábamos en la Universidad el proyecto con Daniel (Schachter). Perdimos la van a la Universidad –o la van nos perdió a nosotros– pero por suerte, aunque me cuesta pensar que fue totalmente una casualidad, Maria Helena, que pasaba a buscar a Ricardo se ofreció a llevarnos también y llegamos a tiempo. La jornada terminó en café en el Cable en compañía de Rolando y Lolis y luego en la visita a los espacios de exposición permanente de trabajos de estudiantes desde donde Carlos Adolfo nos llevaría en su auto hacia el concierto nocturno al aire libre.

¡Aguas, aguas! la bronquitis de Jessica no pasaría desapercibida y nos encontraría a todos –Tona, Rolas y Lolis, Luis, Cata, Manu, Cris, Tariq, Rob y yo– esa misma noche en la Clínica de la Presentación, esperando el veredicto que por suerte no fue nada demasiado grave, solo hacía falta reposo.

El miércoles me tocaba dar el taller nuevamente, coordinado por Andrea y con el desafío de que Diego se había anotado. Intimidante al principio, no voy a mentir, pero de todas formas un placer compartir el espacio con un amigo y colega.
Llegaba el último día y entre ensayos, pruebas y errores, cerrábamos el Mercado con el concierto de Andamio, y con la Sala Olimpia llena. Gracias a Juan Pablo y sus Lasos que procuraron que toda la tecnología esté a punto para colmar la sala de imágenes y sonidos.

Fiesta de clausura, despedidas varias y salida a Medellin en la incómoda van que iba a ser el único descanso hasta llegar –casi directamente– al Museo de Arte Moderno para compartir, entre risas y retos el taller para niños que gracias a Mara, Jorge y Vanessa habíamos podido coordinar.

Llegaba el domingo de descanso. Tan preciado domingo que nos vio hacer un render en el lobby del hotel y por la tarde salir a grabar el metro de Medellín, comer un perrito caliente en un puesto callejero y volver.

Lunes de charlas en el MAMM nuevamente, que en teoría eran las últimas pero no, nos invitarían a NN el martes a charlar sobre colaboración.
Último almuerzo en el Kokoriko de San Joaquín, al que se nos sumaría Sarita para llevarnos a la heladería del barrio.

A los que me vieron toser, les cuento que todavía no termino de recuperarme del todo de la gripe.

Gracias a todos por toda su inmensa amabilidad, ayuda y apoyo, ya que sin ustedes no hubiéramos podido concretar esta visita… ¡espero volver a verlos pronto amigos!

Manizales

SPup

Estos días de lluvia continua, me trajeron inevitablemente el recuerdo de los días compartidos en la ciudad de São Paulo, que como les comenté en la entrada anterior, abundaron en tormentas.
Aprovechándome de la narrativa que nos ofrecen los paisajes sonoros, les traigo este pequeño viaje entre las estaciones Brasser – Mooca y República, de la linha vermelha (línea roja) del metro de la ciudad, que compartí con Fede y Migue, a quien aprovecho para agradecerle el préstamo del grabador que captó todo esto.

Me resulta llamativo cómo la inclemencia de la lluvia y los constantes cambios de temperatura se ven reflejados en toses y estornudos de distintos tipos que sin duda caracterizan el paisaje sonoro.

Este fragmento parte de grabaciones de campo que luego fueron intervenidas para dar continuidad al relato… el viaje duraba casi el doble!

Que lo disfruten!

SPdown

Cinco minutos después de llegar a Aeroparque, estaba conociéndo a Fede –café y medialunas de por medio–, compositor chaqueño / santafesino que se convertiría en compañero de viaje durante los próximos días.

Después de un vuelo tranquilo y de recuperar la mochila de Fede –que nunca supimos por qué fue a parar a otra terminal– almorzamos y salimos a buscar el Metro, ya que nos esperaba Migue en los molinetes de Tatuapé.

La línea vermelha y después la amarela nos acercaron al centro de São Paulo, que en poquito tiempo nos obligó a refugiarnos en un supermercado por la tormenta, nuestra primera tormenta.

Nuestra segunda tormenta no se haría esperar, al día siguiente camino a Estúdio Fita Crepe volvían a caer las primeras gotas, que se convertirían en un temporal en pocos minutos. Por suerte llegamos casi secos y la gente no le tuvo miedo a salir de sus casas para acercarse a escuchar y ver el concierto de música de jóvenes artistas argentinos que llevábamos. Entre cervezas y charlas, probamos sonido, hicimos la presentación y ni bien paró un poco, cruzamos a la pizzería de en frente. En seguida volvía a llover y se desataba la que era nuestra segunda tormenta, pero fue la peor de todo marzo.

Con un día más en las mochilas, llegábamos caminando a la inmensa USP. Unas veinte cuadras y un aguacero (más) separaban la entrada del departamento de música, donde pudimos debatir en un ámbito súper cálido acerca de música, ciencia, archivos y políticas públicas con nuestros hermanos vecinos.

Gracias ante todo a Migue, Flor, Rosa, María y Fede por confiarme sus obras para conformar este concierto y gracias al Fondo del Ministerio de Cultura por posibilitar este encuentro.

Gracias a Felipe y a Rogério por abrirnos las puertas de la USP y generar este espacio que fue tan rico para todos.

Gracias a Silvio por coordinar el debate.

Gracias a Ricardo por la amabilidad y la paciencia para el armado del concierto y también por las cervezas heladas entre tanto calor que tan bien nos vinieron.

Gracias a Pérola, por acercarte al concierto y por las fotos que a pesar de que no te convencieran están bárbaras.

Gracias a Pedro, por hacernos lugar en su casa, por el aguante en la semana y por el registro audiovisual, sos un grande!

Gracias a Iván, por tu asistencia a las charlas a pesar de la gripe. Gracias por ese panorama tan exacto y resumido que nos diste sobre la escena experimental paulista.

Y gracias a todos los estudiantes de la USP, a todo el público que se acercó al concierto… espero volver a verlos pronto, saludos!

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Para estar a tono con el agobiante verano que vino junto con el 2016, nada mejor que traer un recuerdo –sonoro en este caso– que se amolda perfecto con esta sensación de sofocamiento que estamos padeciendo.

Cerca del centro histórico de la Ciudad de México –el Zócalo–, la estación Pino Suárez es el punto neurálgico entre las cabeceras Cuatro caminos / Tasqueña de la Línea 2 y Pantitlán / Observatorio de la Línea 9 del metro de la ciudad.

El título de esta miniatura sonora es precisamente lo que la cartelería del metro indica, Dirección Observatorio, cabecera que además de transportar a los pasajeros que regularmente salen del centro por el oeste de la ciudad, es base de la Central de Poniente –o Central de autobuses del Oeste- por lo que le toca a esta noble línea de metro hacerse cargo de todos aquellos pasajeros que salen con destinos de mediana y larga distancia y claro, de sus valijas y pertenencias.

El metro de la Ciudad de México, como el de tantas otras grandes ciudades es sonoramente rico por los vendedores ambulantes que conviven en él, que a pesar del abarrotamiento de gente, se las ingenian para avanzar con sus productos y llevar el pan a sus casas.
Este paisaje sonoro parte de grabaciones de campo que luego fueron intervenidas para dar continuidad al pequeño relato.

Que lo disfruten!

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Después de un vuelo en el que casi no pude dormir (gentileza del desconocido compañero que me tocó en el avión), llegué a DF y Jessi pasaba a buscarme por el aeropuerto para ir al hostel donde estaban ya Carlos Adolfo, Cristina, Cata y Santi, con quienes compartiría los siguientes días.
Ellos estaban trabajando en Transitio, festival que terminaba ese mismo día y que tuve el gusto de presenciar su ceremonia de cierre.

Metro al Mercado, de vuelta a la Alameda y Museo de Arte Popular. Ese fue el breve recorrido en el tiempo libre, que se completaba la mañana siguiente con una visita fugaz a Teotihuacán.

Después de algunos desajustes y contratiempos, fui a la terminal y tomé el micro a Aguascalientes, donde me esperaba Rolando con las puertas de su casa abierta. Me recomendó por donde conocer el barrio y se fue a la UVM, donde unas horas después me vería dando en el Aula Magna una clase sobre Audiovisión para los chicos de la carrera de comunicación.

Esa noche, después de unas pizzas salí para Morelia y al llegar recorrimos con Tonalli todo el centro. Catedral, Mercado, Las Rosas y demás. Un guía de lujo, que además nunca se niega a unas chelas (aunque sean el desayuno).

Visiones Sonoras comenzó y fue un aprendizaje continuo. Charlas y proyectos, conciertos, almuerzos y encuentros con algunos viejos conocidos, otros no tanto y otros por conocer.

Viernes y sábado fueron las actividades en las que me tocaba participar: el taller de lectura expandida con el grupo de niños del Instituto Plancarte, que adoptaron con toda la naturalidad el dispositivo de live cinema y electroacústica que les propusimos.

Por la tarde la sesión de pósters y al día siguiente, ponencia. Al terminar sentía que la presión se iba y a la vez la satisfacción de haber terminado con las ocupaciones formales.

Entonces me toca agradecer:

Gracias Rolando por armar la actividad en la UVM de Aguascalientes, a René por el espacio y a los chicos por el respeto y atención.

Gracias Jessi, por haber hecho fuerza para que todo salga bien (más allá de los desencuentros, je)

Gracias a Andamio. Tonalli, Luis, Rolas y Jess de nuevo por dejarme hacer con ustedes. Soy de pensar que las cosas son mucho más fáciles cuando el grupo humano funciona.

Gracias Hugo! por los ratos compartidos, esas charlas, almuerzos y cócteles (y ese sillón que rompimos juntos). Siempre es un placer compartir estos encuentros con otro argentino.

Gracias a Ricardo, por las charlas y la amabilidad de siempre. Espero seguir cruzándonos y compartiendo encuentros como los que compartimos este año.

Gracias a Mara, por coordinar el programa Acercamientos Sonoros, que tanto hace falta para que los más chiquitos no sientan como lejanas las nuevas tecnologías.

Gracias a Rodrigo, Jose Luis, Fran, Silvana, Silvia, Seba, Alma, Nancy, Mara, Jessi, Tonalli, Luis, Paulina, Gerardo y toda la gente del CMMAS (seguro se me escapa alguien, perdón pero si me ayudan los agrego, no se me ofendan), por hacer posible este encuentro, que es genial y como leí por ahí, una inspiración para ponerse a hacer.

Gracias a Daniel, Edgar, Julián, Alejandro, Otto y Rodrigo, por prestarme un ratito de su tiempo en el festival para colaborar con una entrevista para mi investigación. Y gracias especiales a Iracema, por la enorme predisposición y haberme recibido en su casa con un rico café para también poder hacer una entrevista.

Gracias a todos y cada uno de ustedes por haber compartido esta semana que pasamos, ¡espero verlos pronto amigos!

CMMAS

Luego de una larga espera que tuve en El Dorado, el aeropuerto internacional de la ciudad de Bogotá en el cual hice la conexión, llegué a la ciudad de Manizales donde comenzaría una semana cargada de muchas emociones y aprendizajes. Voy a tratar de resumirles un poco de qué se trató, a ver si me sale no aburrirlos.

Ya ese mismo día de la llegada, tuve contacto con los chicos, que son el motor de todo. Fuimos al Cable, tomamos algo y hablamos de todo. Aprendí que saludar con un beso es algo invasivo. ¡Perdón Seba! ni yo sabía eso ni vos que yo era argentino como para prepararte. Durísimo te quedaste, papelón para los dos.

Tuve un día en medio para recorrer algo. Aerosilla, el Corredor Polaco, Chipre y volver en buseta. A la vuelta conocí a los mexicanos, a Andamio: Rolando, Luisma, Jessi y Tonalli… ¡qué equipo! completo y complejo por donde se lo mire.

Con este día puente que tuve y todo, el Festival comenzó pronto. Arrancaron los talleres, el foro, las expos, presentaciones y paisajes sonoros.

De a poco también iban llegando el resto de los invitados. Pancho, Santiago y Clau de Chile, Alessandro y Ezio de Italia, Robert y Alain de Canadá, el grupo MEI de Argentina, Montse y Joseba de España (¿o del mundo?), María Cecilia y Jorge de Medellín y más… cada uno con muchas cosas por decir, y con mucho que enseñar(me).

El martes me tocaba arrancar mi taller, Soportes Sonoros, que fue súper productivo. Doscientos tres fue el aula donde además de descubrirme frente a una producción artística comprometidísma de parte de los asistentes, me encontré con dos equipos de chicos estaban en su etapa de realización de trabajo final y me pidieron opiniones y sugerencias. Les confieso que como era algo que no me esperaba, me resultó muy difícil ser ese ‘referente’. Andrés y Melanny, Diego (y su compañero que no recuerdo el nombre), espero haberles cumplido en la medida que esperaban.

El miércoles fue el estreno de Mikrokosmika. Fue un desafío grande ensamblar la producción sonora con la propuesta visual que traían Luisma y Jessi. Así y todo, con la fundamental ayuda técnica del gran Tonalli, pudimos ensayar y dar un buen concierto. Con la música espacializada en octofonía y visuales procesadas en vivo abrimos el concierto. Abrimos el concierto. Pff.

El Festival no dejó de sorprenderme a cada momento. Pero claro que no hubiera sido posible sin el trabajo de todos. Todos aquellos que son engranajes más o menos visibles de esta maquinita. Y entonces llega el turno de agradecer.

Gracias, a Felipe César por ser el impulsor, a Carlos Adolfo por la impecable conducción y a Paula, Jaime y Cristina por coordinar cada uno en lo suyo al maravilloso equipo con el que cuentan.

A Diego, uno de los docentes más jóvenes de la carrera de diseño, a cargo del registro audiovisual. Un día creo que nos dimos la mano unas diez o doce veces, cada vez que nos cruzamos… “Qué más, Alejo!”.

A Checho, el caradura del grupo. El pasional, el futbolero fanático del fútbol argentino. Se te pegoteaba con tal de ganarse unos minutos más de charla.

A Alejo y Yeny, los guías encargados del grupete de argentinos, ese grupo que tanto les cambió los planes todo el tiempo, por nunca acomodarse del todo a las actividades propuestas: siempre había algún lado cercano para desviarse, algún paquete de café por comprar o algún motivo para separarse. No voy a dejar pasar en este momento, el hecho de que fue un gusto haber conocido a Bernardo y a Gerardo, y haber compartido el Festival con Raúl.

A Juli, que a pesar de ser de Pereira -la ciudad adyacente-, supo recomendarme algunos de esos lugares Manizaleños (¿se dirá así?) que uno no puede perderse, pero que sin embargo, no aparecen en el mapa que te dan en la oficina turística… ese que me jactaba de haber conseguido el primer día.

A Motoa, que hizo de su casa un gran lugar de intercambio, la sede internacional de los más jóvenes, donde tuvieron lugar incluso gastronomías y músicas de otras latitudes.

A Nico, por animarse a tocar temas ‘complicados’ en los ratos libres, de problemáticas sociales y de por qué las Malvinas son Argentinas, y llegar a entender, cerveza de por medio, por qué su cliente se enojó cuando él las denominó Falklands. Con él también nos dimos la mano muchas veces un día.

A la comisión técnica que permitió el armado de los conciertos, a la cabeza de un preciso Juan Pablo y coordinada por Santi, que respondió con conocimientos sólidos a todas las propuestas que llevamos los invitados. Dani, David, Seba… siempre dispuestos en toda ocasión, incluso a dejarme jugar a ser DJ por unos tres o cuatro temas en esa fiesta que tan bien organizaron en Manila.

A las comisiones de producción y protocolo (¿así se llamaban, no?), Cami, María Paula, Ana María, Estefanía, Cata, Meli, Caro, que siempre estaban atrás de todos los detalles para que nada quedara inconcluso.

A los chicos de Un cuarto producciones, por las pensadísimas (sí, súper informados… nada de preguntas improvisadas) entrevistas referidas a las producciones presentadas en los conciertos.

Y perdón si me olvido de alguien. Seguro se me escapan cosas escribiendo esto durante el viaje de vuelta, mientras espío a la Luna por la ventanilla intentando hacer memoria. En general me gusta saberme los nombres de todos y ya ustedes se habrán dado cuenta. Pero son muchos, muchos muchos. Sepan que a todos, incluyo a aquellos que no nombro aquí, los considero unos genios de las tareas que realizaron.

Gracias, por esta semana tan linda. Cada uno sabe qué de todo esto le toca. Me llevo mucho, espero haberles dejado algo.