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Archivo de la etiqueta: Metro

El Parque Explora es un centro interactivo diseñado principalmente para la apropiación y la divulgación de la ciencia y la tecnología. Es el centro de difusión y promoción científica y tecnológica más importante de Medellín, ofreciendo tanto a la población local como a visitantes ocasionales la posibilidad de estimular su creatividad, experimentar, aprender mediante experiencias no convencionales.
Allí funciona el Exploratorio, un taller público de experimentación, un espacio ciudadano que funciona desde la lógica del hazlo tu mismo –DIY / do it yourself – y del aprender haciendo.

El jueves 3 de mayo voy a compartir algunas reflexiones acerca del proyecto Paisajes sonoros subterráneos en el ciclo Ciencia en Bicicleta, en un encuentro que dimos por bautizar Cuatro Metros y que sintetizará algunas relaciones, parecidos y diferencias entre los metros de las ciudades de São Paulo, Medellín, Buenos Aires y Ciudad de México, siempre desde lo sonoro.

Las actividades siguen, el sábado 5 por la mañana, con el grupo Escuchas Remotas que coordina Camilo Cantor. Haremos una caminata sonora por espacios públicos próximos al Parque.

También el viernes y sábado, los artistas multimediales Bernardo Piñero y Gerardo Della Vecchia estarán impartiendo –también en el Explora– un Taller de cañas geolécticas en el que voy a estar dando una mano.

Como cierre, la semana siguiente estaré participando una vez más del Festival Internacional de la Imagen, esta vez con un taller de exploración urbana en relación al paisaje sonoro identitario de la ciudad de Manizales y la presentación de Calles, una lectura expandida que presentaremos en el Museo de Arte de Pereira también en el marco del Festival.

Amigos, ¿nos vemos por allá?
¡Gracias por leer y compartir!

Cuatro Metros

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El metro de Londres lleva consigo una frase inmortalizada en sonido e imagen: Mind the gap, que en español significaría algo así como que nos preocupemos por el hueco. El aviso, que además de en múltiples carteles, suena repetidas veces por los altoparlantes de estaciones y trenes, hace alusión no a cualquier hueco, sino al espacio existente entre el tren y la plataforma, que en líneas como la Circle Line –que tiene casi todas las plataformas de sus estaciones construidas en curva– se vuelve relativamente importante: como las formaciones son rectas, al estacionar dejan algunas de sus puertas muy próximas al andén pero necesariamente, otras quedan alejadas. Tener en mente al hueco pasa a ser una cuestión central e incluso, hay bastante para leer al respecto.

Con la idea de reflejar esta frase presente, el otro enfoque que está puesto en juego en la construcción de este paisaje sonoro, es la posibilidad de jugar con los sonidos originales del entorno de forma creativa –lo que Barry Truax denomina paisaje sonoro virtual–; ya que podemos encontrar tesituras y ritmos específicos en todo sonido, y ni hablar de las posibilidades de procesarlos en la búsqueda de un timbre o un efecto en particular.
Es así que aprovechándome de los ritmos de abrir y cerrar de puertas, tacones y avisos del tren–y sus respectivas transformaciones mediante técnicas de edición de sonido más cercanas al trabajo con música concreta y al sampleado– monté una pequeña superposición de beats que se acerca a la estética denominada EDM o electronic dance music. Como por arte de magia, al llegar a destino todo ese entrejido sonoro desaparece como si del ensueño volviéramos a la realidad.

Cuando escribía este texto, me puse a pensar en otras composiciones musicales creadas en torno a sonidos de trenes. Pensé en dos autores latinoamericanos: Heitor Villalobos y Silvestre Revueltas, que nos han dejado dos piezas instrumentales tremendas inspiradas en este medio de transporte. Les dejo, para quien tenga interés, los links a O Trenzinho do Caipira, de Villalobos y La construcción del ferrocarril, de Revueltas. ¿Conocen alguna otra pieza para agregar a la lista?

El paisaje sonoro final que escuchamos parte de estas grabaciones de campo entre Victoria y Bayswater, que luego fueron intervenidas para dar continuidad al relato.

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Trabajar con paisajes sonoros involucra distintas metodologías respecto a cómo y qué grabar. Una de formas más utilizadas para registrar sonido de campo es la caminata sonora, que según Westerkamp es cualquier excursión que tenga como propósito principal, la escucha del ambiente en el cual se desenvuelve. Como podrán imaginarse, para realizar el registro es condición que quien camine, lleve un grabador que necesariamente tomará los sonidos del entorno conforme se vaya trazando el recorrido.
El hecho de que la caminata implique ocupar un espacio, es un buen disparador para reflexionar acerca de cómo interactuamos con ellos, en este caso desde la escucha pero sin descuidar la elección del tipo de caminata que elegimos realizar. Pensando en la definición de espacio, más precisamente de espacio antropológico –es decir, un espacio ocupado por el hombre que al estudiarlo puede darnos cuenta de sus prácticas sociales– Marc Augé sintetiza en tres las posibilidades de los espacios, pudiendo ser:

Itinerarios: caminos que van de un punto a otro y que han sido trazados por el hombre.

Encrucijadas: puntos donde los itinerarios se cruzan y los hombres se encuentran.

Centros: puntos más o menos monumentales, hitos construidos por el hombre y que definen un espacio, política, fronteras e identidad para quienes los frecuentan.

En el sentido en que Augé lo propone, la caminata sonora supone, en esencia, un itinerario. Sin embargo, el autor agrega que en los espacios urbanos, existe una incesante superposición de itinerarios, encrucijadas y monumentos a la que debemos atender: podemos pensar entonces que involucramos encrucijadas al incurrir en alguna intersección de caminos e incluso centros, si decidimos incurrir con nuestra caminata en algún espacio específico, como lo es un mercado, una estación o una plaza.

Paralelamente, podemos pensar en qué nos motiva a utilizar la caminata como punto de partida estético para una producción. Aunque es de nuestro especial interés la utilización de esta práctica respecto al sonido, resulta interesante atender al arte en general. Los antecedentes nos remontan a principios del 20’ donde el dadaísmo proponía una visita a un punto dado de la ciudad a modo de intervención artística, casi de manera performática y que por distintos motivos no pudo llevarse a cabo, pero que en 1924, los surrealistas retomarían con el nombre de deambulación. Esta actividad, consistía en caminar erráticamente por lugares abiertos como praderas y pueblitos alejados, buscando desdibujar la percepción del tiempo, explorando también entre la sensación de vida real y mundo onírico tan presente en todo el surrealismo.

En la década del 50’, y sumidos en un clima artístico de posguerra, los situacionistas vuelven a reformular el concepto llevándolo del campo a la ciudad y buscando entender cómo el medio geográfico impacta afectivamente sobre el comportamiento de los individuos. Este fenómeno, al que denominaron psicogeografía, dio lugar al concepto de deriva, definido por Guy Debord (1958):

“Modo de comportamiento experimental ligado a las condiciones de la sociedad urbana; técnica de paso ininterrumpido a través de ambientes diversos. Se usa también, más particularmente, para designar la duración de un ejercicio continuo de esta experiencia.”

Para entenderlo mejor, donde los surrealistas dejaban todo su deambular librado al azar, la deriva es un itinerario errático resultado de una situación construida en relación a ciertas pautas que configuran el recorrido de antemano, pudiéndose indagar desde una manzana en un barrio hasta una ciudad completa. El valor de realizar derivas redunda en una idea política clave que está ligada al rechazo del capitalismo: el hombre dispone de un tiempo que utiliza para trabajar y otro que utiliza para descansar. La progresiva automatización de tareas, debería significar un progresivo aumento en el tiempo que el hombre tenga para descansar, pero en tanto se utilice este tiempo libre para consumir lo que el sistema le propone, también estará siendo funcional al capitalismo. Es por eso, que la forma de escape a este círculo vicioso que ven los situacionistas tiene que ver con lo lúdico y poder acercarse al entorno urbano bajo reglas propias, no impuestas por el sistema.
Todas estas prácticas, como vemos, tienen implícitas posturas políticas, filosóficas e incluso artísticas. La elección de caminar por una estación de metro, implica en términos de Augé habitar un centro, recorrerla es trazar un itinerario, combinar con otra línea es atravesar una encrucijada. Según la cantidad de azar y lo estipulado previamente podemos determinar la proporción entre deambular y deriva en la que nos encontramos. Todo esto, antes de prender el grabador… ¿cómo planean sus caminatas sonoras?

 

Los invito a repensar este breve texto con esta caminata por el subte de Buenos Aires, perteneciente al proyecto Paisajes sonoros subterráneos.
Ah… ¡y gracias por pasar! 

 

A partir de mañana, tendrá lugar la segunda edición de SEREMUS [seminario de procesos colaborativos para el sector de la música en Bogotá], organizado desde la Alcaldía Mayor de Bogotá a través de Idartes y Fabricca y donde tendré el placer de compartir mis experiencias relativas a la dinámica de colaboración que sostenemos practicamos desde Andamio pero también charlando de herramientas que pueden aplicarse a situaciones en general.

Las actividades ocupan tres días, cada uno de ellos con una intención definida que son inspirar, reflexionar y conectar y con importantes invitados en lo que respecta a festivales de la región. La información se amplía siguiendo este link, donde está tanto la agenda como las temáticas a tratar.

Además, esta nueva visita a las tierras colombianas permitió armar en Manizales el pasado lunes y gracias a la organización de La Caja producciones, un conversatorio acerca de paisaje sonoro urbano y posibles ejercicios de escucha en una ciudad.

Como cierre de mini-gira, el próximo lunes 4 a las 10am, voy a presentar el proyecto Paisajes sonoros subterráneos en la Universidad Antonio Nariño [transversal 21 #96-42, también en Bogotá], en el marco de la flamante Maestría en Arte Sonoro que se está gestando en esa casa de estudios.

Amigos de Bogotá, ya saben donde nos podemos ver.
¡Salú!

Afiche seremus

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Antes de subirme al metro de Bruselas –como me es habitual por el hecho de viajar con este proyecto en mente– pedí un mapa en la boletería, para intentar visualizar alguna cuestión que pueda parecer interesante de buscar, interesante de grabar e interesante de escuchar.

Lo primero que llama la atención en el mapa es la superposición, o mejor dicho la duplicación de los nombres, que aparecen tanto en francés como en holandés. Así encontramos Porte de Namur / Naamsepoort, o bien Louise / Luiza, entre otras. Después la superposición de líneas: la 5 se pisa con la 1; la 3 y la 4 comparten casi todo su recorrido exceptuando las terminales. Es así, que pensando en este concepto de superposición-duplicación me subí al tren en Hermann-Debroux en dirección al centro buscando retratarlo desde lo sonoro.

 

Mi plan resultó fallido. Es que por mejor plan que hubiera tenido dos mujeres se sentaron al lado mío y comenzaron –literalmente– a conversar pegadas al grabador. Es así como se llevaron toda la atención y esta entrega pasó a tratar de la escucha furtiva, aquella que hacemos a escondidas, sin querer ser descubiertos. ¿Qué dicen estas personas? ¿de qué están hablando? ¿cómo funciona la barrera del lenguaje en estos casos en relación a la atención que ponemos de todas formas? las preguntas se las dejo a ustedes.

El paisaje sonoro final que escuchamos parte de estas grabaciones de campo entre Hermann-Debroux y De Brouckère, que luego fueron intervenidas para dar continuidad al relato.

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Sloterdijk header

El pasado enero, aproveché una breve pasada por esta terminal para continuar con Paisajes Sonoros Subterráneos, este proyecto por el cual les comparto estas entregas periódicas que a esta altura ya son costumbre.
Sloterdijk, aunque no se encuentra en el centro de la ciudad, es una estación neurálgica del Metro de Ámsterdam, donde también convergen la línea de tranvías, autobuses y el tren.
Por su característico –y hay que decirlo, pintoresco– andén central y por el alto tránsito que noté, me resultó interesante retratar esa espera, en la que me encontré con gente proveniente de todos los transportes conectando con el metro, o viceversa: algunos apurados por llegar a sus trabajos, otros notoriamente de vacaciones y unos pocos con una indiferencia tal que no me permitió deducir en absoluto si iban o venían.
Si bien en el registro se oyen conversaciones en inglés y alguna en francés –como estación terminal acoge muchos turistas y visitantes diariamente–, obviamente la mayoría de los diálogos son en holandés y, me resulta interesante por demás, el hecho de no entender de qué están hablando, en comparativa a otros diálogos escuchados previamente en los Metros de Medellín, Valparaíso o Buenos Aires. Aquí nos toca conformarnos con el tono, las risas, la intensidad para intuir qué está sucediendo y completar la película.

 

 

Para la realización del paisaje sonoro, primero observé dónde solían disponerse los pasajeros antes de subir al tren y busqué quedarme en un lugar del andén buscando que en algún momento la gente me rodeara. Fue el apoyo de la escalera mecánica el lugar elegido para quedarme, desde donde realicé el registro de campo de forma tal que el punto de escucha sea fijo: no hay caminata, ni búsquedas por el interés que puedan generar los eventos sonoros, el grabador está quieto y los eventos suceden al rededor.

Tal como sucede en otros paisajes sonoros de este proyecto, este fragmento parte de grabaciones de campo que luego fueron intervenidas para dar continuidad al relato.

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El Tramo 1 es el primero de los nueve tramos que dispone el metro de la Ciudad de Valparaiso. Contrariamente a lo que uno se imagina cuando piensa en una red de metros, este particular trazado es una sola línea –aunque no estrictamente recta– que une el puerto de Valparaiso con Olmué, combinando en los sucesivos tramos secciones para recorrer mayoritariamente en metro, pero también conectando algunos puntos con buses.
Saliendo entonces de Estación Puerto, siguen Bellavista, Francia, Barón y Portales, retratadas en este pequeño paisaje sonoro.

Los trenes de este metro tienen solo dos vagones y eso los involucra en dinámicas muy interesantes, por ejemplo, en el caso de los músicos que tocan a la gorra. Es muy común que en cada vagón haya un músico distinto trabajando, tocando canciones completamente distintas que suelen entremezclarse generando fusiones muy extrañas.
En este caso, las grabaciones fueron realizadas un sábado por la noche, en un viaje hacia las afueras de Valparaíso. En un vagón encontramos a un guitarrista practicando escalas y acordes, simplemente pasando el rato y sin intención de pasar la gorra pero por otro lado escuchamos un hit de Queen… ¿lo encontraron?

Aprovecho para agradecer muy especialmente a Sergio Espinoza, que me prestó su grabadora aquel día y a Fabián Contreras a quien pertenece la imagen que ilustra esta entrada.

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